Era maravilloso. Aún no entendía cómo algo tan abstracto podía
proporcionarme tanta felicidad contenida en unas pocas imágenes almacenadas en
mi memoria. No podía tocarlo, ni sentirlo, pero tenía la certeza de que en algún
instante minúsculo del tiempo había existido. Había sido de verdad, y aunque
pudiera hacer algo mejor con el simple hecho de imaginármelo no habría sido lo
mismo. Tantos momentos que puede que no lleguen a disiparse nunca, pero eso se
escapa a nuestro control.
Siempre quise creer que fue algo bueno, pero realmente nunca lo fue. Lo que ocurre es que nunca fui capaz de admitirlo, aunque lo supiera en lo más profundo de mi corazón. Todo tiene sentido desde nuestro punto de vista, y desde luego tendrá el sentido que tú mismo quieras darle. Las piezas encajarán a la perfección si de verdad es lo que deseas. Cuando se acaba, te das cuenta de que todo fue una ilusión: bonita, magnética, pero al fin y al cabo irreal. Te aferras a un sueño que hace mucho que acabó, y te odias por haber despertado en el peor de lo momentos. ¿Qué puede decirse? Nada. Intentas comprenderte pero te sientes solo porque ni siquiera te reconoces delante del espejo. ¿Qué pasó? ¿En qué momento decidiste cambiar sin ni siquiera decir adiós?
¿Cuándo se olvida? ¿Cuándo se recuerda? ¿Se supone que debes recordar algo aunque mueras por no querer hacerlo? ¿Se olvida cuando das prioridad a tu propia persona?
Duele no saber que decisión tomar, pero duele aún más si has escogido y echas la vista atrás. No dejas de preguntarte qué demonios pasó. Y es entonces cuando alguien inesperado entra en escena. Es protagonista involuntario de tu vida. Porque sin saberlo tiene todas y cada una de las respuestas a las preguntas que te atormentan desde que llegó sin previo aviso. Una sonrisa tras otra; una mirada que puede que nunca llegue a decir nada, pero ahí está el encanto: interpretar de manera majestuosa pequeños destellos que suponen una reanimación tan necesaria como encantadora. Te preguntas si eres tú o si el mundo se ha vuelto completamente loco. Todo lo que ocurrió simplemente no es más que un recuerdo; sí, claro que existió, pero se debe pasar página. Toda prioridad tiene su conclusión, y aunque no queramos admitirlo no somos personas eternas. No podemos comprometernos con nada ni con nadie; ni con hechos ni con palabras. La primera regla se rompe cuando tratamos de delimitar lo imposible. Porque el amor es infranqueable; no decides cuándo acaba. Él es quién toma las decisiones importantes y por lo tanto, nunca te avisará. Actuará por su cuenta y por supuesto siempre serás el último en enterarte de lo que ocurre.
¿Promesas? Sólo sirven para no cumplirlas. Asegúrate de estar atento a lo que ocurre a tu alrededor: tu presente tan codiciado puede haberse vuelto pasado y tener delante de tus ojos un futuro que ni en el mejor de los sueños habrías podido imaginar. El amor es sorpresa, júbilo e infinito. Sólo morirás una vez. ¿Cuántas veces puedes enamorarte?
Siempre quise creer que fue algo bueno, pero realmente nunca lo fue. Lo que ocurre es que nunca fui capaz de admitirlo, aunque lo supiera en lo más profundo de mi corazón. Todo tiene sentido desde nuestro punto de vista, y desde luego tendrá el sentido que tú mismo quieras darle. Las piezas encajarán a la perfección si de verdad es lo que deseas. Cuando se acaba, te das cuenta de que todo fue una ilusión: bonita, magnética, pero al fin y al cabo irreal. Te aferras a un sueño que hace mucho que acabó, y te odias por haber despertado en el peor de lo momentos. ¿Qué puede decirse? Nada. Intentas comprenderte pero te sientes solo porque ni siquiera te reconoces delante del espejo. ¿Qué pasó? ¿En qué momento decidiste cambiar sin ni siquiera decir adiós?
¿Cuándo se olvida? ¿Cuándo se recuerda? ¿Se supone que debes recordar algo aunque mueras por no querer hacerlo? ¿Se olvida cuando das prioridad a tu propia persona?
Duele no saber que decisión tomar, pero duele aún más si has escogido y echas la vista atrás. No dejas de preguntarte qué demonios pasó. Y es entonces cuando alguien inesperado entra en escena. Es protagonista involuntario de tu vida. Porque sin saberlo tiene todas y cada una de las respuestas a las preguntas que te atormentan desde que llegó sin previo aviso. Una sonrisa tras otra; una mirada que puede que nunca llegue a decir nada, pero ahí está el encanto: interpretar de manera majestuosa pequeños destellos que suponen una reanimación tan necesaria como encantadora. Te preguntas si eres tú o si el mundo se ha vuelto completamente loco. Todo lo que ocurrió simplemente no es más que un recuerdo; sí, claro que existió, pero se debe pasar página. Toda prioridad tiene su conclusión, y aunque no queramos admitirlo no somos personas eternas. No podemos comprometernos con nada ni con nadie; ni con hechos ni con palabras. La primera regla se rompe cuando tratamos de delimitar lo imposible. Porque el amor es infranqueable; no decides cuándo acaba. Él es quién toma las decisiones importantes y por lo tanto, nunca te avisará. Actuará por su cuenta y por supuesto siempre serás el último en enterarte de lo que ocurre.
¿Promesas? Sólo sirven para no cumplirlas. Asegúrate de estar atento a lo que ocurre a tu alrededor: tu presente tan codiciado puede haberse vuelto pasado y tener delante de tus ojos un futuro que ni en el mejor de los sueños habrías podido imaginar. El amor es sorpresa, júbilo e infinito. Sólo morirás una vez. ¿Cuántas veces puedes enamorarte?

No hay comentarios:
Publicar un comentario