Olvídame despacio que tengo prisa, que no aguanto los segundos que me quedan por salir corriendo. Que es locura lo que me delata, que me siento tan ingrata por ser tu doble, la sombra de algo que se muere contigo. Y lo he intentado todo, siendo sincera hasta un límite infranqueable; me duele tanto no haberlo sabido antes. Es una noria, una historia sin demora que al fin tiene una sentencia, un punto y aparte que augura una vida en paralelo, pero difusa en su trayectoria final. Si ya no queda nada para qué remover el presente y andar por los recuerdos del ayer que se han catalogado de obsoletos. Estás tú, estoy yo, pero pregúntate en qué parte del mundo. Tan distantes, tan prematuros, tan impertinentes como irresponsables. Ya no hay vuelta atrás y ambos lo sabemos. He sido dura pero he de decir que tú no te quedaste atrás. Fuimos las representaciones más abstractas de nosotros mismos, el eco de la colisión de dos únicas deidades. Puedo decir que a día de hoy lo siento, que lo siento en el alma y de una manera tan interna que me duele a la altura de la piel, que me baila en las sienes, que me destroza las entrañas y muero y renazco en una filigrana de segundo. Todo a la vez. No me preguntes cómo, ni cuándo ni dónde. Todas esas respuestas las desconozco, nunca lo sabré. Nos quisimos, eso fue cierto, pero hasta qué punto.

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