Ya nada es como solía; te miraba, y eras tú más que cualquier otra persona en el mundo quien me definía. Luego cambió todo. Cambié yo, cambiaste tú, la locura se abrió paso alejándome del sentido común. Cómo poder seguir estando de una sola pieza, aparentar ser inmune si te veo como alguien que ya ni siquiera conozco. Hablamos, nos miramos a los ojos como si fuéramos extraños. Y me hace tanto daño habernos vuelto tan distantes, si éramos como éramos precisamente por convertir en inolvidable cada instante.
Si ya vas por otro lado, si tienes a alguien que te hace feliz no pinto nada; no puedo sonreír y fingir como si no me importara. Porque cada vez que te veo, siento esto por dentro que quema, y aunque lo aparente no puedo estar serena. Te quiero, eso es innegable, y aun hoy lo sigo haciendo, y lo sé porque te pienso. Eso es todo lo que puedo hacer. Pensar, suponer, y desearte suerte. Conserva el corazón que ni siquiera sabías que te llevaste en el acto. Puede que tu me pienses, pero los minutos invertidos acordándome de ti son tantos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario