Y entonces llegas tú, arrasando con todo, revolviendo mi mundo en cuestión de segundos y es por eso que no puedo evitar preguntarme si no estaremos hechos el uno para el otro, porque cada vez que te miro, tengo la sensación de que desde el primer momento supimos que seríamos capaces de todo, de llegar tan lejos como como fuera posible.
No creo en los milagros, pero si la vida está tan llena de decepciones como imagino, tú eres la gran excepción. Eres mi milagro. Mi razón de ser. Por eso te quiero. Porque sé que eres tú. No podría ser de otro modo, no podría ser con nadie más. Tenías que ser tú y debías serlo cuanto antes. Es por eso que he perdido la cabeza. Has desestabilizado mi existencia, pero por alguna incomprensible razón, me haces sentir en consonancia con el mundo.
Eres mi propio equilibrio. Podría caminar sobre la cuerda floja a riesgo de caer a lo más profundo del precipicio, pero no me importaría en absoluto. Porque contigo, hasta la muerte merecería la pena.

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