Tocas todos mis puntos hasta volverlos débiles,
rompes los esquemas y cada ápice apropiado
del que se sustenta este vértice.
Haces que respirar por el simple hecho
de observarte sea un arte y un deleite.
Marcado a contratiempo en mi corazón
como una especie de apéndice,
logras que cada palabra sea muda y los silencios estériles.
Vuelo por un mar de nubes sin necesidad de hélices,
detectas el compás de un murmullo en el espacio
tras el tumulto de aquel satélite,
inmortalizando ese instante presente en un repertorio
continuo de efemérides,
promesa prematura e inocente célibe.
Extraordinaria persona por la que te defines,
un único e irrepetible espécimen.

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